Con qué poco se vive por allí o mejor dicho, que poco hace falta para ser feliz.
Esa es la conclusión a la que hemos llegado después de nuestra estancia por Camerún y la convivencia con sus gentes. Es muy diferente estar de paso en viaje de turismo a convivir, aunque sea por un corto período de tiempo, ya que te percatas de muchísimos más detalles de la vida cotidiana y se llegan a crear pequeños lazos de amistad, salvando cualquier diferencia cultural y de color de piel.
Tanganí-Tanganí nos gritan los niños por el sur en su idioma Mabí, Nazara-Nazara nos dicen por el norte en Fulfubé, pero al poco tiempo, ya seamos blancos, tanganí o nazaras, se dan cuenta de que somos iguales a ellos, y por unos instantes, el gran abismo cultural que nos separa desaparece.

En la región norte del país y sobre todo, en sus aldeas perdidas como Tchamba, localizada en los montes Alantikas cuyo nombre significa nada más y nada menos que “donde Alá no llegó” ,cerca de Nigeria, no están acostumbrados a ver blancos e incluso muchos niños jamás han visto a uno. Y hasta allí llegamos nosotros, una novedad para ellos. Las reacciones de los más pequeños son de lo más graciosas y variadas. Por lo general,inicialmente causamos miedo y desconcierto, e incluso algunos niños huyen de nosotros llorando, pero al poco, trás intercambiar algunas sonrisas y muecas, pasamos a ser una curiosidad, por lo que rápidamente nos vemos rodeados de un enjambre de chiquillos tocándonos a carcajadas como si de una fiesta se tratara. Y no es para menos, ya que algunos por fin han visto a uno de esos especímenes tan raros de los que le habían oido hablar e incluso formar parte de alguna de las historias africanas transmitidas de forma oral por los más ancianos. Son los niños los primeros en darse cuenta que somos iguales, salvando el color de la piel.
Una pregunta que te ronda la cabeza tras vivir esta experiencia y ver como viven por estas tierras es: ¿Quienes son los afortunados? ¿Nosotros que venimos de un lugar lleno de oportunidades y comodidades y a pesar de ello muchos se quejan, o la realidad de un niño camerunes vestido con dos harapos, descalzo y como única posesión que comparte con sus cinco hermanos, una vieja rueda a la que con un palo hace rodar mientras juega libremente sin ninguna amenaza que temer en la polvorienta calle? Si a eso le añades que ese niño o niña ya ha cumplido con su tarea familiar del día, como cargar en su cabeza un garrafón de agua desde la fuente accionada manualmente hasta su casa; una casa muy distinta a las que podamos tener nosotros. A pesar de las condiciones en las que viven estos niños y de la carencia de necesidades básicas que puedan tener, podemos decir después de ver las sonrisas en sus caras que son FELICES!!!.

Aldea de Tchamba
Está claro que existen muchas precariedades que habría que solventar, pero a pesar de todo, los ves contentos, jugando en la calle libremente sin nada que temer, con un camión hecho de latas recicladas, donde los mayores cuidan de los más pequeños; en cambio en nuestro mundo “desarrollado” nuestros niños casi no juegan en las calles, cada vez se socializan menos, además de hacer como imprescidibles objetos como la PSP, Wii….. cosas que no dejan de ser materiales….
Después de todo esto, ¿donde son más felices? porque a nosotros nos resulta difícil de responder…

Fuente en Tchamba


















COMENTARIOS